martes, 3 de noviembre de 2020

 

CLAUSURA DE LAS JORNADAS “CIUDADES PORTUARIAS”  SANTANDER 2020

COMUNICADO EN EL DÍA MUNDIAL DE LAS CIUDADES

 

 Pese  a las dificultades económicas, por no disponer de ninguna subvención pública, y las duras condiciones impuestas por la pandemia, las Jornadas de Arquitectura y Paisaje bajo el título de CIUDADES PORTUARIAS EN LA MEMORIA, han logrado salir adelante. Nueve conferencias de reconocidos expertos, relativas a Burdeos, Bilbao y Santander, la proyección de un reportaje cinematográfico y la edición del último número de la revista Litoral Atlántico, que recoge todos los trabajos, han sido los resultados.

 De las comunicaciones  quiero resaltar algunas cuestiones importantes sobre el pasado y futuro de las ciudades. Recordemos que hoy es el Día Mundial de las Ciudades y es, precisamente, cuando están sufriendo fuertes restricciones de movilidad e incertidumbres de todo tipo que las hace perder su carácter abierto al intercambio social, comercial y laboral.  No está de más, por tanto, traer aquí algunas reflexiones y cuestiones que se han suscitado en las Jornadas. 

 Sería importante definir cuál es el patrimonio cultural más significativo  que caracteriza a cada una de las ciudades y evitar actuaciones caprichosas que las banalizan. En estas Jornadas hemos visto reflejada la imagen de diferentes ciudades en el arte, la arquitectura, el urbanismo y el patrimonio industrial. La literatura y el cine recuperarán su protagonismo en las próximas Jornadas previstas en primavera. Deberíamos conocer con cierta precisión, también,  las políticas de protección de ese patrimonio cultural que define a las ciudades portuarias.

 Es cierto que la relación entre el puerto y la ciudad ha cambiado drásticamente en cada ciudad. Unas trasladaron el puerto al mar exterior,  liberaron suelo que, culminada una fase de derribo de las edificaciones industriales,  lo recuperaron para crear nueva ciudad. Pero ¿qué tipo de nueva ciudad? Aquí hemos podido ver grandes diferencias entre ciudades como Burdeos y Bilbao con modelos bien diferenciados que en próximas Jornadas compararemos con otros ejemplos como Nantes y Bristol.

 Otras ciudades no han podido trasladar el espacio portuario al exterior y las actividades portuarias actuales se encierran al fondo de sus bahías con problemas de profundidad para los grandes buques, escasa extensión de servicios y un futuro difícil.  Es el caso, entre otros, de Santander en el que una ciudad balnearia, hoy el Sardinero, ocupó la situación ideal para lo que hoy sería un puerto exterior.

 Muchas de las ciudades portuarias, o  de origen portuario, lucen un frente marítimo o fluvial privilegiado, estimulado por la actividad turística y de economía de servicios. Pero la ciudad real, donde viven la mayoría de sus ciudadanos, es una ciudad oculta a los turistas, en laderas de orografía complicada que sufre de grandes problemas urbanos y sociales lejos de las imágenes oficiales de paseos y frentes marítimos. Es el caso, entre otros,  de  Lisboa, Oporto, Santander y Bilbao.

 Y qué decir de la organización social de las ciudades portuarias. Las poblaciones de mayor edad y menores recursos deben ascender por fuertes pendientes hasta edificios de ya considerable altura que, por lo común, no tienen ascensor. Los más jóvenes y con mayores recursos, no solo económicos,  se alojan en las zonas intermedias. Y los frentes marítimos serán ocupados por viviendas de lujo, y locales para usos terciarios. La misma diferenciación sucede si hacemos  mapas por zonas con resultados de edad, salud y esperanza de vida.

 Son todas cuestiones que se han suscitado en estas Jornadas de Ciudades Portuarias en Santander2020 publicadas en Litoral Atlántico y que esperamos dar continuidad en las siguientes Jornadas Bilbao2021, a celebrar en la primavera en el Museo de Bellas Artes.

  Por la Dirección de las Jornadas

Luis Azurmendi (Arquitecto)

litoralatlantico@gmail.com

sábado, 15 de agosto de 2020

FARO DE AJO


Litoral Atlántico
Revista de Arquitectura y Paisaje



Contra el proyecto de colorear el faro blanco del cabo de Ajo en Cantabria
Artículos, informes, imagenes, en defensa de un singular patrimonio cultural:
el faro blanco y su entorno.


Para ver la revista pulsar en:

sábado, 8 de agosto de 2020

COSTA QUEBRADA

Leer el paisaje, leer el tiempo

Hemos disfrutado de uno de los espectáculos más increibles del litoral: Costa Quebrada. Es mar, oleaje y mareas, acantilados, retrocesos, erosiones y sedimentos por cambios climáticos, levantamientos telúricos en pliegues y sinclinales gigantescos que abatiran las olas. Es la expresión de la naturaleza viva, cambiante, en un espacio temporal incomprensible, infinito. Nada es fijo y hay un lenguaje que lo explica y allí nos lo contaron con el prodigio de convertir lo científico en didactico. Y también el Hombre, reducido a un microtiempo, dejó su huella en la memoria de las grandes rocas: la Baselga o basilica, la virgen o el diablo. Una toponimia que sabe, que cuenta la vida de los pueblos en esta espectacular Costa Quebrada que pronto será Geoparque de la Unesco.


Gracias al equipo que allí trabaja y nos atiendió en esta maravillosa excursión.



domingo, 31 de mayo de 2020


Arte y Paisaje


PINTAR EL FARO CABO DE AJO. 
Informes, artículos y noticias en esta publicación  

PATRIMONIO MARITIMO
pulsar AQUI


viernes, 24 de abril de 2020





LA MOLINERA Y EL CURA



Por Luis Azurmendi
I

- Allí  detrás de la canal de la marisma –me dice Tabolo- está el molino, el de mareas. Allí llevaban las mujeres el maíz a moler. Tú eso sí lo recordarás. Hoy como ves, esta arruinado.
Hacía calor, no se movía ni una hoja y a lo lejos se oía “turbon” que amenazaba por los montes de San Miguel.  Apretamos el paso a medida que la gran nube de plomo se acercaba amenazante. Llegamos a tiempo. Lo sabíamos: cuando parase aquel viento repentino, rompería la tormenta y el aguacero haría temblar las hojas de los laureles. La marisma cambió de aspecto: la lluvia desvaneció todos sus perfiles y el agua perdió sus reflejos. El sabor a sal se apagó con olores de tierra  y hierba mojada.
Había más gente allí, guarnecidos bajo los restos del antiguo molino.  Charlaban animados sobre tormentas. Entramos y hubo un intercambio de saludos con Tabolo.  Eran dos señoras y un cura.
Yo me quedé mirando las paredes desnudas y los restos del tejado.
-  Era un molino- Me dice la señora mayor como respondiéndome.
- Este señor sabe mucho de molinos –dice Tabolo, señalándome.
- ¿Acaso es molinero?- dice la otra señora. “No, no. ¡Qué va!, - digo- simple aficionado. Por casualidad nací en un molino. Y ahora me pica…”
- ¡Anda! Pues esta señora- dice la más joven – nació en este molino. Es la hija de “Lin, el molinero“
II

Algo raro tenía este encuentro: la tormenta, las ruinas del molino, la anciana molinera el pescador y el cura,  que no acertaba a cómo intervenir  en la conversación.
- ¿Cómo era el molino? -, la pregunté
- De marea, y vivíamos arriba. -responde la molinera-. Teníamos las máquinas aquí abajo y aquí, delante, algunos animales
Un fuerte trueno nos clavó la conversación.
- Las tormentas aquí eran malas –dice la molinera- pero sobre todo cuando la mar se venía  y las olas ocupaban el cárcavo  y presionaban el suelo hacia arriba. Todo crujía.
-¿Cómo es eso?
- No sé, pero a veces tuvimos que subir los animales arriba, porque la ola inundaba hasta las máquinas. Yo pasaba mucho miedo porque a cada marea se oía el ruido infernal de la turbina cuando arrancaba. Tuvimos muchas desgracias aquí. Mi padre más adelante construyó una casa aquí al lado.
El relato de la molinera me recuerda a mi infancia, cuando de madrugada, nos despertaba un ronco y profundo silbido. Era cuando, abajo, en el entonces taller del aitona, ponían en marcha la vieja turbina del molino. Aquel sonido fue utilizado, además, como amenaza de la presencia de un “mozorro” que habitaba en aquel pozo y que vigilaba que los niños nos portásemos bien.

III

- En muchos sitios- digo- al cárcavo, donde está la turbina, le llamaban “el infierno”.
- Será por algo- interviene, al fin,  el cura.
- ¿A qué se refiere? O es que Iglesia tiene algo que ver-. Dice la molinera.
- Bueno, sí. Muchos documentos de la Iglesia hablan de los molinos. Por un lado eran lugares con mala fama, que era un mal ejemplo para las buenas costumbres…
- La mala fama la puso la Iglesia, - dice cortante la molinera- porque, según ustedes, éramos las molineras las que fácilmente perdíamos la honestidad…hay un libro en casa que  cuenta cómo ustedes  prohibieron las reuniones y las compañías en los molinos que no fuesen marido o hermano. Y la Iglesia, que tenía muchos molinos. ¿Qué hacía?
- Ya, pero los testimonios vienen de muy atrás, de tiempos remotos que no podemos ni imaginar. Uds. habrán oído como la rueda de molino era un castigo secular y fuente de martirologio, como la ejecución de San Florián o lo que  cuenta sobre “el molino místico” un estudioso de Mallorca...
- Pues eso, se cuentan…cuentos- dice ella.
- Son cuentos o leyendas, pero también fe. Hay que comprender al hombre primitivo, su ignorancia y sus miedos. En mi tierra corrían leyendas de que el primer molino lo hizo el diablo. Otra, que San Martin fue quien copió al Basajaun, el señor de los bosques, los secretos de las semillas del trigo y el maíz...  En las Escrituras hay referencias más serias comparando la transformación de los pecados en virtudes en forma de harina, la pureza de la harina blanca…
- Pues aquí- replica la molinera - no había harina blanca. Todo era maíz y escanda. Osea que de eso nada. Además  en los libros de mi padre, que era picador de piedras de moler, decía  siempre que la Iglesia era cruel, así en la antiguedad quemó en la hoguera a un molinero llamado Menocchio por hereje.
- Quería decir- alega el cura- que aquellos castigos, como se dice en el Evangelio, eran para proteger a los inocentes, como … San Lucas, cuando comenta aquello de  arrojar al mar con una piedra de molino al cuello a quien escandalice a los niños…
-¡Lo que nos faltaba! -exclama la molinera- Pues tienen Uds. buenos motivos  para aplicárselo.
Un tenso silencio ocupa el molino. Las miradas se pierden en diferentes direcciones. Tabolo, mira hacia abajo y ve, sumergidas bajo las aguas, varias ruedas de molino. Levanta la cabeza y, tratando de mediar, dice:
- A ver qué opina nuestro visitante que sabe mucho de molinos.
- Creo que todas las religiones –digo-han utilizado los molinos como símbolo  Me interesa mucho lo que comentan pues, de alguna forma, es uno de los motivos de mi viaje. Vengo de Nendrum, en Irlanda del Norte. - Les cuento cómo allí hemos estudiado el molino de mar más antiguo que se conoce. Que lo construyeron los monjes de la abadía, que procedían de centroeuropa y que, buscando aislarse del mundo, fueron a lugares tan remotos e inóspitos. Conocían todas las tecnicas de construir molinos, regadios, viveros, que aplicaron en las nuevas tierras. -Sucede que, aquí, otros monjes, los de la abadía de San Antonio, hace mil años, construyeron también un molino. Posiblemente este mismo molino, estas ruinas donde estamos pisando, sea aquel molino. Sería uno de los más antiguos de la historia. Por eso estoy aquí, para buscar una antiquisima abadía  que en la Cartulario de Puerto aparece nombrado como Garfilios a la que pertenecía el molino.



jueves, 16 de abril de 2020





LA PLAYA DESCONOCIDA


Por Luis Azurmendi


Después de tantos años regreso a  Noyalo.  Allí crecí entre escuelas y playas con el eco de guerras y miedos que los mayores disimulaban.

He quedado con Tabolo, aquel querido personaje que me llevaba en su lancha,  pintada a proa con el rumboso nombre de  “patiello”,  en referencia al pequeño molusco que, en bandadas, se movían por la superficie de la mar, pintándola de diferentes tonos y formas que nos servían de referencia para pescar, pues las lubinas  los perseguían  y nosotros a ellas con nuestras cañas de “cacear”.  A veces, recuerdo, los vientos diferentes que, allí donde azotaban, también trazaban en la mar azules y grises bien diferentes que nos confundían en la pesca. Los vientos en este cantábrico crean paisajes y situaciones bien diferentes y forman parte de la vida cotidiana: el gallego” con una lluvia fina y pesada que, a saliente llaman “txirimiri” y a poniente “orballu”, a veces nos trae mar de fondo de grandes olas; el Norte y  Nordeste, frío y de cielos azules, es el que riza la mar; el temido Sur, el de la galerna, traidor y cruel que, en tierra, los campesinos,  llaman “regañon”.

Hemos quedado junto a la playa. Quiero que Tabolo me cuente lo que ha pasado desde entonces, desde que me fui,, si se mantienen las costumbres…

- ¡Qué va! -me dice- eso ha cambiado completamente. Ya verás en verano la cantidad de turistas que pasean por aquí.

Bajamos hacia la orilla, la marea esta baja, y un impresionante murallón de rocas nos cierran el horizonte, a mí me da la sensación de que han crecido, que han cambiado, que las formas son otras, que…
-No, no. Lo que cambia-me dice- es la arena.. La marea siempre está viva y las corrientes se mueven en muchas direcciones y la arrastran de un lado para otro. Allí donde las corrientes chocan se pierde velocidad, la arena se deposita entonces  y, allí, puede formar montañas de un día para otro.

Noto el frío en los pies y vamos rodeando algunos peñascos hasta Peña Verana, desde allí vemos un mar  verde, oscuro, casi negro: es una inmensa pradera de algas que arrancaron los temporales más fuertes.

- ¿Seguís recogiendo algas?, buen negocio era ¿no?

- Solo a veces-  se para mirando hacia “ Los Cuarezos” – Esto está abandonado. Aún eras muy pequeño pero ya te acordarás como las cogíamos.

- Ah, sí. Salíais en barco y luego buceando.

- ¡No!, no.  Antes que eso. Las cogíamos “a ribazón”. Esperábamos todos en lo alto de las dunas a que se “viniese” la mar , con la marea viva, que traía las algas arrancadas de los fondos. Cuando iban llegando nos metíamos arremangados entre las olas con los redaños. ¡Todo el pueblo! ¡ hombres y mujeres! Nos envolvían las grandes olas blancas de setiembre. Era duro y peligroso, pero buenas risas nos echábamos al descubrir los cuerpos de las mujeres ceñidos por las ropas mojadas.

Arrastrábamos los pies en aquella masa vegetal hacia la orilla, cuando me empezó a relatar actividades nocturnas de la playa.

- La angula la pescábamos – siguió contando- a la salida de la marisma. Ibamos en línea un grupo de vecinos recorriendo la playa a media agua con grandes redaños. Se pescaba mejor los días peores de invierno. Era la costumbre probada. A veces sucedía que un grupo de forasteros – se rie- se nos ponían cerca y nosotros íbamos desviando el camino para desplazarlos poco a poco hacia lo que conocíamos muy bien: el “pozón”. Cuando caían los primeros,  se oían los chapoteos y los juramentos que rompían la noche. A Alguno tuvimos que sacar.

martes, 14 de abril de 2020

LEER Y ENTRETENER

Hoy ponemos a vuestra disposición otra de nuestras publicaciones. Su acceso es libre para facilitar su lectura en estas jornadas tan difíciles. Mas adelante, si quereis la edición en papel teneis que acceder a la tienda en esta misma web.


                                                Para leer pulsar AQUÍ




domingo, 12 de abril de 2020

LEER UNA IMAGEN
Segunda crónica de confinación



Un grupo de mineros posan sorprendidos ante la cámara. Es un conjunto  desarrapado que se toma un descanso y relaja sus herramientas aún en la mano. Picos, palas y cestos, indican el tipo de trabajo en la mina: la extracción y acarreo del mineral de superficie, lo que nos indica  la mina donde están.
     Es una pausa en el duro trabajo de los mineros  que aparecen desaliñados con la mirada hacia la cámara en un mar de boinas que parecen todos iguales. ¿Todos?  No. Fijaros en el personaje del ángulo  inferior derecha: no mira a la cámara, mira al grupo; corpulento, barbudo, traje oscuro y sombrero bombín, tipo inglés, en postura de suficiencia y apoyado en un bastón. El sombrero delata otros mundos más cercanos a la City, a Inglaterra, donde se relacionan los hombres de negocios, los banqueros y los funcionarios. Del chaleco cuelga la cadena “leontina” de un reloj de bolsillo. ¿Qué hace aquí este personaje? ¿Vigila o es él quien ha ideado esta inverosímil foto?
     No es de extrañar ver el bombín y la leontina dado que, a la altura de a mitad del siglo XIX, ya estaban explotando las minas Compañías inglesas con un intercambio de modas y costumbres entre ambas oligarquías desde el vestido hasta la arquitectura.  Pero ¿y esa mirada vigilante ajena a la cámara?
     Aquí Ramiro Pinilla nos retrata magistralmente algunos personajes que ejercieron de capataces y fueron, además, administradores  de las minas, de los barracones o viviendas, de las tiendas y los comedores de los mineros. ¿Era alguno de ellos? El escritor les deja hablar:
“…Recuerdo bien cuando llegasteis con vuestras caras hambrientas…todos…suplicando un puesto en la mina. ¡Yo os lo di, yo os quité el hambre! Y lo hice en nombre de los dueños que pusieron en marcha estas y otras minas arriesgando su dinero, su tiempo, sus conocimientos, su futuro…No como vosotros que solo sabéis lloriquear, borrachos, en la taberna…Ellos tienen orgullo personal y honor…Dios les ha elegido para dirigir la sociedad y darnos trabajo a todos ¡A mí también! ¡A vuestro capataz también!


LECTURA ABIERTA
Para leer y entretener en los días de aislamiento traemos del catalogo algunas publicaciones con acceso libre. 


Para leer pulsar AQUÍ

jueves, 9 de abril de 2020

LAS* DOS ORILLAS de Bilbao
en VERDES VALLES, COLINAS ROJAS

De Ramiro Pinilla

Primera crónica de confinación
    

He aprovechado este confinamiento, para liberar lo que solo surge al disponer de un tiempo sin límites, ni metas concretas. En este caso han sido reflexiones sobre la historia de Bilbao y de su ría. Estaba explorando viejas imágenes y cartografías desde donde comprender cómo la reconversión de una ciudad volvió la espalda a sus tradiciones más seculares. Y en esas estaba cuando una novela se me cruzó en el camino, muy oportunamente y de manera sugestiva, dando respuesta a más de una de mis cavilaciones.
  
Es la novela de Ramiro Pinilla, “Verdes valles, rojas colinas”, que me tiene atrapado en la historia de un territorio complejo, como Bilbao,  donde el protagonismo  se sitúa en las orillas de su ría.  Ahora mismo, donde estoy en su la lectura, un personaje de los “verdes valles”, un verdadero “borono” que ni una sola noche durmió fuera del caserío, se enamora de la belleza de una joven revolucionaria, una “maqueta”, la de las “rojas colinas” allá en las minas, al otro lado de la ría. Y va  tras ella, la acompaña siempre, tozudamente y, así, además de contemplarla a ella, vivirá de cerca la lucha obrera de los mineros. Pero no la entiende: “para qué se juntan tantos, para qué  repiten las mismas cosas gritando todos a la vez, por qué van tan tristes, cuando eso, en el pueblo, lo resolvemos- dice-, con  alegres romerías al son del txistu y el tamboril”. Él vive en el caserío de Getxo, ella  al otro lado de la ría, allí arriba, en las minas, en una txabola de La Arboleda. Un día él la convence para llevarla a la otra orilla, al  verde valle  y, aquel domingo,  en una playa de inmensa soledad, es donde el amor les envuelve como  aquellos  rizos de las olas en la orilla. Ella quedará preñada y él será su fiel acompañante en todas las actividades revolucionarias, aunque seguirá  sin comprender.
    
Salgo del libro. Y pienso que aquel verde valle de origen euskaldun, Getxo, era donde residían los campesinos aferrados a las viejas tradiciones, como nuestro tozudo campesino y acompañante de la bella revolucionaria.  Aquellos lugares, con el tiempo, fueron ocupados por las mansiones de una oligarquía que se desplazó desde  un ensanche burgués amenazado por las movilizaciones obreras. El nuevo lugar se denominó, entonces,“Neguri”,  aldea  de invierno en euskera,  y fue “cuartel de invierno” de propietarios de minas, astilleros, fundiciones y banqueros.  Desde allí, por encima de la ría, se veían las colinas rojas y sus minas, donde los mineros  vivían  en míseros poblados y, donde hoy, los turistas pueden disfrutar de un parque temático y probar alubias del país. También veían sus grandes fábricas y chimeneas de los hornos altos, hoy desmanteladas en la llamada reconversión industrial. Y desde allí arriba los mineros veían  la gran ciudad y, hacia la mar, al fondo, las playas y Neguri. Unos y otros estaban  a” tiro de mirada”, separados por una ría, la de Bilbao, donde se reflejará la historia de esta gran ciudad, dramáticamente segregada por los orígenes, la culturas  y clases sociales de sus habitantes.

Luis Azurmendi


*Tomo el título del artículo de Gonzálo Calcedo  en  Las dos orillas. La Bahía de Santander
En La Bahía en la memoria. Litoral Atlántico

viernes, 8 de marzo de 2019

Próximas Jornadas de Arquitectura y Paisaje 2019


Información 609520235

lunes, 18 de febrero de 2019

SOBRE LAS GALERÍAS ACRISTALADAS
en el libro Arquitectura y Paisaje Tradicionales
Por J.L.García Grinda. Catedrático de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. 


 



"Esta incorporación está relacionada con la construcción naval, al emplearse en el cerramiento de los castilletes de los navíos, y al margen de la discusión de su origen holandés o inglés, aparece la ventana de guillotina en forma de galerías acristaladas en lugares vinculados a los astilleros impulsados en la Península en el siglo XVIII por los Borbones,en las nuevas Capitanías Marítimas: El Ferrol, San Fernando y Cartagena. Aunque la galería triunfa muy rápidamente en el ámbito norteño, como colector solar adaptado al clima, su presencia significativa en la arquitectura urbana de Cartagena o cerrando corredores de patios en Cádiz, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, se relaciona directamente con esta presencia y vinculación, como también ocurre en Canarias, con la arquitectura naval y sus lugares de construcción: los astilleros.

domingo, 17 de febrero de 2019

AMPLIACIÓN DE EDICIÓN

Ya esta a disposición la 2ª edición. Compre aqui-columna derecha- envio gratuito.




jueves, 13 de diciembre de 2018

Muchas felicidades

Un abrazo
Asociación Tajamar  
Sumérgete 3 minutos en los sótanos de una ferrería del siglo XVIII,  escucha el sonido del agua, el fuego y las máquinas hidráulicas.  
Es una nueva versión de "espacios sonoros", esta vez en las ferrerías de Cades(Cantabria) y Pobal(Vizcaya). El autor como en anteriores años es Miguel Azurmendi.


Felicitacion 2018.jpg
Para empezar pulsar AQUÍ
presentado en las Jornadas de Arquitectura Tradicional 
organizadas por Tajamar en Santander.

miércoles, 21 de noviembre de 2018

Próxima publicación Litoral Atlántico 2018-2019
arquitectura y paisaje tradicionales




lunes, 23 de julio de 2018


Las Jornadas en la prensa



Jornadas de Arquitectura y Paisaje. 21, 22 y 23 Junio Santander 2018
LA ARQUITECTURA TRADICIONAL


Han finalizado las Jornadas de Arquitectura y Paisaje  que se vienen realizando anualmente  en Cantabria organizadas por la Asociación Tajamar en colaboración con el Colegio Oficial de Arquitectos de Cantabria y las Consejerías de Educación y Cultura y la de Medio Rural del Gobierno de Cantabria. En esta ocasión también ha participado el Instituto de Patrimonio Cultural de España. Dentro del Año Europeo del Patrimonio Cultural el lema de estas Jornadas ha sido Arquitectura tradicional. Teoría y práctica para su conservación y restauración.


En la presentación inicial se llamó la atención de los riesgos que amenazan los centros históricos de las grandes ciudades: el desbordante flujo de visitantes sobre Barcelona o Madrid está acosando el equilibrio monumental y social de los barrios que los soportan. Un ejemplo paradigmático es Venecia: con el incremento del flujo de turistas (30 millones visitas/año) y la intrusión de los gigantescos cruceros al borde de la ciudad, ha superado los límites que “la serenísima” puede soportar en su delicado equilibrio ambiental y monumental. La situación ha obligado a limitar el acceso del número de turistas y a cuantiosas inversiones medioambientales y de conservación y restauración; Venecia “muere de éxito”. Y eso sucede no solo en las grandes ciudades pues si observamos las tensiones en lugares de nuestras costas o de algunos parajes naturales podemos entender la generalidad del problema.

Fuera de las grandes ciudades en el medio rural, la población abandonó sus lugares de origen y paradójicamente se produce el efecto contrario a lo descrito para las grandes ciudades: el campo se desertiza y la falta de población y de recursos amenaza el mantenimiento de un riquísimo patrimonio cultural y natural.

Este es el marco en el que se desarrollaron estas Jornadas de Arquitectura Tradicional que han tratado de conocer, entre otras cuestiones, cuál es  la reacción de las diversas cartas, convenios y recomendaciones de organismos internacionales sobre la protección  de los bienes culturales. La Declaración del Foro de Davos (2018) es el último eslabón de una serie  de Tratados y Convenios que, desde el concepto único de protección del “monumento”, se incorporan sucesivas ampliaciones conceptuales como el entorno, la historia, el paisaje cultural, el patrimonio inmaterial, la participación pública para, finalmente, este año con la celebración del Año Europeo del Patrimonio Cultural, proponer una visión “integral”, holística dicen, para la intervención en el patrimonio cultural como eje del desarrollo económico y social.

Un intento de visión integral es la observación interdisciplinar de una parte del patrimonio como lo es la arquitectura tradicional.[1] Estas Jornadas han permitido acercarnos al patrimonio tradicional desde las ponencias de especialistas en la geografía, la arquitectura, la ingeniería, la antropología o el planeamiento urbanístico, con la seguridad de que el conjunto nos permitirá una visión nueva y diferente de la que cada una de la partes puede ofrecernos.

Desde la geografía hemos conocido aspectos fundamentales de la evolución de los paisajes naturales hacia los paisajes culturales en la cordillera cantábrico-pirenaica. Juan Carlos Codrón lo explicó con fenómenos históricos aparentemente dispares  como los cambios de actividades, los incendios forestales con origen en nuevos usos agrarios o las rutas de la Mesta que han ido modificando la morfología natural del territorio.

Desde un punto de vista antropológico María Roscales abordó el concepto de “espacio” entendido como un escenario del despliegue de prácticas y dinámicas socioculturales, el lugar “practicado”, identificado y que identifica, el lugar cargado de sentidos para quienes lo practican y habitan. Abogó por la cultura originada por la actividad y orientar la investigación de los estilos de las viviendas como respuesta a un modo establecido de construirlas, que no ha surgido con independencia del clima y el paisaje local. Finalizó con la exposición del estudio del patrimonio inmaterial y las organizaciones usos y costumbres sociales de un lugar de referencia, como es Tresviso, en Cantabria.


El arquitecto José Cabrero explicó la relación de la arquitectura con la noción de “lugar” a través de los tiempos y con diferentes ejemplos, incluso foráneos, edificados en el valle de Iguña tales como, una ermita mozárabe y unas casas inglesas tipo “cottage”. Utilizó diferentes extrapolaciones como el traslado de la imagen formal de una torre medieval propia del lugar, a la arquitectura de una ciudad como Madrid. Otro ejemplo fue el tratamiento de nuevos añadidos, resaltando el “principio del segundo hombre” acuñado por E. Bacon, a una obra como la iglesia de Ronchamp de Corbusier semienterrando los nuevos edificios ocultándolos de la categoría visual del monumento. 

En cuanto a herramientas de información territorial del patrimonio cultural, el Colegio de Arquitectos de Cantabria presentó, a través de su coordinadora la arquitecta Mar Martínez, el diseño de una web interactiva con los diferentes tipos de la arquitectura regional que resultó de sumo interés. El también arquitecto Domingo Lastra matizó la diferente evolución de algunos municipios que incluso en su inapropiada  dinámica urbana pueden contener recursos patrimoniales dignos de proteger.

Como ejemplo de las figuras de planeamiento urbanístico de protección monumental fue expuesto por Carlos de Riaño el Plan Especial de Protección de Liérganes que el pasado año fue galardonado con el Premio Nacional de Urbanismo. El conjunto histórico de Liérganes comprende los barrios de Mercadillo, La Costera, la Rañada y la Ciudad Balnearia, con una curiosa estructura urbana, definida por tapias de cierre de fincas y edificaciones levantadas en los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX que han protagonizado parte importante del Plan.

El patrimonio industrial tradicional, fue expuesto por Luis Azurmendi que resaltó la permanencia de modelos primigenios en la actualidad, como son las ferrerías y los molinos, sin una adecuada protección. Explicó que este tipo de patrimonio es, no solo testimonio de la vida cotidiana del trabajo, sino parte de la historia de la tecnología y, por lo tanto, debe de protegerse con medidas equivalentes a las del grado monumental. Para su restauración trató de trabajos que están realizando sobre las máquinas y edificios como “la erosión” y los “espacios sonoros”. Finalmente proyectó una pieza cinematográfica experimental.

Desmitificar  parte de los mitos de la arquitectura popular de siglos XIX y XX fue una de las intervenciones más llamativas por parte de José Luis García Grinda: ni todas las arquitecturas “célticas” son prerromanas, ni siquiera celtas, como sucede con las típicas pallozas. Tampoco toda la arquitectura popular de Andalucía era blanca, más bien lo contrario, como tampoco los tejados planos o inclinados responden siempre a condiciones climáticas. Es una invitación a la revisión de estereotipos exagerados y, a veces, interesados.

En la última sesión se trató a un mayor acercamiento a la teoría y práctica de la restauración.

El arquitecto Annibal González de Riancho fue desgranando la restauración de edificios y conjuntos monumentales según las teorías clásicas sobre conservación y restauración. Ejemplarizó las consecuencias de las grandes guerras que arrasaron gran parte del patrimonio arquitectónico europeo y que sus restauraciones abrieron un cúmulo de falsos historicismos que este autor puso en cuestión en una exposición muy documentada. Nuestros "monumentos", nuestro patrimonio -manifestó- son los conjuntos de arquitectura rural que forman nuestros paisajes y nuestro trabajo también es rehabilitar pequeños edificios, que no son grandes monumentos, pero que forman parte de un todo que es nuestra riqueza arquitectónica y paisajística.

Por parte del Instituto del Patrimonio Cultural de España se expuso el Plan Nacional de Arquitectura Tradicional que fue relatado con minuciosidad y precisión por la etnóloga María Pía Timón. Explicó los ámbitos de desarrollo en los que se incluyen estos bienes y estableció una clasificación. Se identificarán los riesgos y se desarrolló los aspectos metodológicos como los objetivos y los criterios de actuación. Por último, se expusieron los programas y líneas de actuación: programa de investigación y documentación; programa de protección; programa de intervención y recuperación de los sistemas tradicionales y, finalmente, el programa de difusión, transmisión y promoción.

Un análisis histórico-crítico cerró este ciclo de las Jornadas con la intervención del  arquitecto Antonio González Capitel que fue desgranando las teorías de conservación en una hipotética aplicación a la arquitectura tradicional. Niega la aplicación de la llamada  “restauración de estilo” aunque puede actuarse como unareconstrucción arqueológica”;  Expuso lo que llama restauración “analógica”,  que consistiría “en reponer lo nuevo con cierta diferencia, claramente distinguible de lo antiguo, pero que no entra en contraste con ello, sino que busca y consigue la armonía final”. Este mismo criterio puede aplicarse a lo urbanístico y lo paisajístico. No disfracen - termino diciendo- la casa nueva de una casa vieja de aldea, pero intenten actuar con la naturalidad, el sentido funcional y la elegancia de la arquitectura popular.

Como sesión práctica se realizó una excursión que titulamos arquitectura en piedra. Se visitaron torres medievales, casas-palacio, iglesias y molinos de los municipios de Arnuero y Bareyo que han participado también en el patrocinio de estas Jornadas.


Luis Azurmendi
Arquitecto
Presidente de la Asociación Tajamar.




[1] Arquitectura tradicional es un término equivalente a “popular” o vernácula pero que mejora el criterio de espontaneidad asignado a lo popular estableciendo analogías con otros tipos de arquitectura como la defensiva o religiosa.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Bilbao y el Arsenal Real de la Zorroza.
La actual exposición en la Biblioteca Nacional recoge espléndidos documentos cartográficos. Allí esta el plano de M.J. Maruri y Fº Oleaga de 1789 donde se describen todas las instalaciones del Arsenal Real de la Zorroza: cordelería, fragua, gradas y otros edificios de interés. Reproducimos un fragmento de la ilustración original.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Hierro al mar
Esta publicación se editó en 1999 y no solo sigue manteniendo su vigencia sino que, además, es imprescindible para conocer el desarrollo de épocas más recientes en lo que conocemos actualmente como "patrimonio industrial". La fabricación y comercio del hierro fue elemento básico de la economía, del trabajo y, sobre todo, de las guerras. Es, a partir de los siglos XV, con los hornos bajos o ferrerías, y el XVII, con los hornos altos, cuando impone su hegemonía en el desarrollo de los pueblos.
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viernes, 22 de abril de 2016

Molinum 51
Publicados por la Asociacion ACEM
Suman ya dos números que contienen monografías sobre la arquitectura hidráulica de abadías y monasterios






miércoles, 22 de abril de 2015

Goya: de la alegría de vivir al sentimiento trágico de la vida
fragmento del libro La silueta de Madrid 
Luis Azurmendi y Angeles Gómez Carballo



    En una primera época su obra desprende un clima de optimismo en torno a las relaciones sociales en las orillas del río; romerías y juegos comparten diferentes estamentos sociales dentro de un ambiente de apertura y liberalización de las costumbres. Imágenes como “la pradera de San Isidro” son un excelente marco de estudio de la ciudad y los ciudadanos del momento.
     Después, con un brusco giro de los acontecimientos, retornó a los más oscuros episodios de una historia empeñada reiteradamente en impregnar de un sentimiento trágico los escasos momentos de modernización del país. Goya será testigo de aquellos acontecimientos a través de las “pinturas negras” o la serie de “los desastres”

     Todos estas imágenes y, sobre todo, los fondos paisajísticos de cuadros y tapices, son excelente base para recrear una interpretación de la silueta de la cornisa del Manzanares a finales del siglo XVIII tal y como se muestra en las siguientes páginas. En ellas se ha hecho un trabajo de interpretación paisajística relacionando la cartografía de Madrid en fechas próximas, como el plano de Floridablanca de 1785, pinturas reconocidas como el cuadro de La pradera de San Isidro.

domingo, 8 de febrero de 2015


Neguri desembarca en Madrid
Extracto de La Silueta de Madrid, próxima publicación (2ª version 2015)


La oligarquía financiera vasca desembarca en Madrid:  La Gran Via, el Titanic y el Metro.

     Pero vamos a ver cómo para la apropiación de la ciudad se unen  tradición y especulación para realizar  grandes transformaciones urbanas. Es el caso de la apertura de la Gran Vía (1899), la construcción del metro y la urbanización Reina Victoria, importantes obras que modificarán  la estructura morfológica y social de Madrid a comienzos del siglo XX. 
     La Gran Vía se traza sobre el antiguo tejido urbano de la ciudad, con proyecto realizado desde el Ayuntamiento por los arquitectos  J. L. Salaberry (en 1889 se presenta el proyecto)[i] y Octavio Palacios cuya finalidad, entre otros objetivos, era el enlace de las estaciones ferroviarias y el saneamiento del centro de la ciudad. En realidad fue, sobre todo, una operación de especulación urbana de gran envergadura. Y como decimos en otro lugar, el trazado de la Gran Vía, fue una gran operación especulativa, escenografiada con fachadas de melancolías regionalistas y que abrió en “canal” el tejido tradicional madrileño
     Los nuevos edificios que se van construyendo  irrumpen con fuerza sobre la silueta de Madrid. Se exhibirán estilos regionales en cuya coronación se alzan alegorías y casticismos representativos de un momento de recuperación de símbolos que equilibren la frustración de la reciente pérdida de las colonias. Parece tratarse de enarbolar un estilo arquitectónico de una virtual exaltación nacional.  Pero la exaltación de estilos no puede ocultar la desmesura del volumen de las construcciones, la amplitud de las expropiaciones, la expulsión de los residentes y la transformación del tejido de la ciudad tradicional. Bajo el casticismo se encuentra una apropiación del centro de la ciudad por grupos hegemónicos cuyo interés directo es la especulación; no es extraño que arquitectos estudiosos de la tradición arquitectónica, como LeopoldoTorres Balbás, denunciaran esta intervención urbana. IMÁGENES
     El grupo financiero más influyente de la época que intervino en Madrid procedía de la oligarquía vasca residente en Neguri, que alcanzará su máximo esplendor con el beneficio obtenido con el comercio del hierro en el periodo de la primera guerra mundial y que invertirá en grandes operaciones de infraestructuras e inmobiliarias en Madrid y Barcelona.
     Este es el caso madrileño donde  el empresario Horacio Echevarrieta, dueño de minas de hierro, cementeras y astilleros, construyó infraestructuras urbanas como el  metro de Barcelona (1920) y fue el concesionario y constructor de la Gran Vía madrileña, sustituyendo (1922) al banquero francés Albert Silver.  
     Pasado el tiempo, en el primer tercio del siglo XX, otros edificios denotarán, sin embargo,  la influencia norteamericana, como el edificio Telefónica, obra de Ignacio de Cárdenas (1925-1929) que fue un hito de altura y tecnología durante mucho tiempo. Otros siguen, lejos del tradicionalismo, las tendencias del Movimiento Moderno como el afilado edificio Capitol  (1931-1933) de avanzada tecnología y materiales para la época. También se construye el viaducto de la calle Segovia, importante obra de ingeniería de F. J. Ferrero y J. J. Aracil, que resultará un acertado zócalo a la arquitectura madrileña en el paisaje de la cornisa del Manzanares.
     Coincidiendo en el tiempo y de la misma procedencia vasca es el  caso de los ingenieros Miguel Otamendi, Carlos Mendoza Sáez de Argandoña y González Echarte que construyen el metro de Madrid y, en consecuencia, revalorizaron un importante extrarradio de Madrid para inmediatamente construir sobre él la urbanización de Reina Victoria de mano de La Compañía Metropolitana que ellos mismos fundaron.
     Es en 1913 cuando el Banco de Vizcaya, en pleno auge y en vísperas de la primera contienda mundial, apoya y financia la creación de la Compañía Metropolitana. A partir de entonces sus actividades son continuas: en 1919 construyen el metro (se inaugura en 1921 la línea Sol Cuatro Caminos) y son titulares de la Compañía eléctrica suministradora de energía, entre otras, precisamente, al metro madrileño; en 1920 están construyendo el entonces gigantesco Titanic y la urbanización Reina Victoria y en 1923 se inaugura el estadio Metropolitano. La zona, hasta ese momento con un carácter rural, se urbaniza y construye en base a edificios de gran volumen y densidad y de viviendas unifamiliares destinadas a familias procedentes del País Vasco y que los arquitectos cuidaran de diseñarlas con un estilo rural vasco al modo del tradicional caserío.
     Es, como decimos, un verdadero desembarco del capital financiero vasco en la ciudad de Madrid. El objetivo fundamental es la obtención de beneficios económicos cuidando, también, estrechar lazos con la oligarquía vinculada a la administración central y a las clases políticas de los más diversos signos.
Será en Madrid, donde, por vez primera[ii](1853),  el maestro Iparaguirre  interpreta el Gernikako Arbola. Años después los círculos vascos en Madrid habían extendido su influencia. No lejos se construyeron varios frontones[iii] como el frontón Central (1899 Plaza del Carmen) o ya más tarde el Frontón Madrid (1929, Tirso de Molina). También se conocen los episodios de Horacio Echevarrieta, constructor de la Gran Vía como hemos visto, protegido de su amigo Indalecio Prieto y cómo su gestionó la liberación de las tropas españolas presas en Marruecos o de sus actividades empresariales ya en la posguerra civil
     Nos hemos entretenido en estos episodios porque queremos ilustrar cómo estos grupos hegemónicos sobrepasan estilos arquitectónicos, ámbitos regionales, ideologías políticas y relaciones sociales siempre para desarrollar o defender prioritariamente sus propios intereses económicos. Veremos en capítulos siguientes, cómo también traspasarán el tiempo actuando de igual forma en situaciones históricas y políticas antagónicas.




[i] En 1910 inauguración oficial del comienzo de obras
[ii] En el año 1853 en el Café San Luis
[iii] frontón Beti Jai (1893) o Euskal Jai (1893 Salesas), El frontón Central (1899 Plaza del Carmen) o ya más tarde el Frontón Madrid (1929) (Tirso de Molina).