viernes, 24 de abril de 2020





IV CRÓNICA. Microrelatos
Por Luis Azurmendi
I

- Allí  detrás de la canal de la marisma –me dice Tabolo- está el molino, el de mareas. Allí llevaban las mujeres el maíz a moler. Tú eso sí lo recordarás. Hoy como ves, esta arruinado.
Hacía calor, no se movía ni una hoja y a lo lejos se oía “turbon” que amenazaba por los montes de San Miguel.  Apretamos el paso a medida que la gran nube de plomo se acercaba amenazante. Llegamos a tiempo. Lo sabíamos: cuando parase aquel viento repentino, rompería la tormenta y el aguacero haría temblar las hojas de los laureles. La marisma cambió de aspecto: la lluvia desvaneció todos sus perfiles y el agua perdió sus reflejos. El sabor a sal se apagó con olores de tierra  y hierba mojada.
Había más gente allí, guarnecidos bajo los restos del antiguo molino.  Charlaban animados sobre tormentas. Entramos y hubo un intercambio de saludos con Tabolo.  Eran dos señoras y un cura.
Yo me quedé mirando las paredes desnudas y los restos del tejado.
-  Era un molino- Me dice la señora mayor como respondiéndome.
- Este señor sabe mucho de molinos –dice Tabolo, señalándome.
- ¿Acaso es molinero?- dice la otra señora. “No, no. ¡Qué va!, - digo- simple aficionado. Por casualidad nací en un molino. Y ahora me pica…”
- ¡Anda! Pues esta señora- dice la más joven – nació en este molino. Es la hija de “Lin, el molinero“
II

Algo raro tenía este encuentro: la tormenta, las ruinas del molino, la anciana molinera el pescador y el cura,  que no acertaba a cómo intervenir  en la conversación.
- ¿Cómo era el molino? -, la pregunté
- De marea, y vivíamos arriba. -responde la molinera-. Teníamos las máquinas aquí abajo y aquí, delante, algunos animales
Un fuerte trueno nos clavó la conversación.
- Las tormentas aquí eran malas –dice la molinera- pero sobre todo cuando la mar se venía  y las olas ocupaban el cárcavo  y presionaban el suelo hacia arriba. Todo crujía.
-¿Cómo es eso?
- No sé, pero a veces tuvimos que subir los animales arriba, porque la ola inundaba hasta las máquinas. Yo pasaba mucho miedo porque a cada marea se oía el ruido infernal de la turbina cuando arrancaba. Tuvimos muchas desgracias aquí. Mi padre más adelante construyó una casa aquí al lado.
El relato de la molinera me recuerda a mi infancia, cuando de madrugada, nos despertaba un ronco y profundo silbido. Era cuando, abajo, en el entonces taller del aitona, ponían en marcha la vieja turbina del molino. Aquel sonido fue utilizado, además, como amenaza de la presencia de un “mozorro” que habitaba en aquel pozo y que vigilaba que los niños nos portásemos bien.

III

- En muchos sitios- digo- al cárcavo, donde está la turbina, le llamaban “el infierno”.
- Será por algo- interviene, al fin,  el cura.
- ¿A qué se refiere? O es que Iglesia tiene algo que ver-. Dice la molinera.
- Bueno, sí. Muchos documentos de la Iglesia hablan de los molinos. Por un lado eran lugares con mala fama, que era un mal ejemplo para las buenas costumbres…
- La mala fama la puso la Iglesia, - dice cortante la molinera- porque, según ustedes, éramos las molineras las que fácilmente perdíamos la honestidad…hay un libro en casa que  cuenta cómo ustedes  prohibieron las reuniones y las compañías en los molinos que no fuesen marido o hermano. Y la Iglesia, que tenía muchos molinos. ¿Qué hacía?
- Ya, pero los testimonios vienen de muy atrás, de tiempos remotos que no podemos ni imaginar. Uds. habrán oído como la rueda de molino era un castigo secular y fuente de martirologio, como la ejecución de San Florián o lo que  cuenta sobre “el molino místico” un estudioso de Mallorca...
- Pues eso, se cuentan…cuentos- dice ella.
- Son cuentos o leyendas, pero también fe. Hay que comprender al hombre primitivo, su ignorancia y sus miedos. En mi tierra corrían leyendas de que el primer molino lo hizo el diablo. Otra, que San Martin fue quien copió al Basajaun, el señor de los bosques, los secretos de las semillas del trigo y el maíz...  En las Escrituras hay referencias más serias comparando la transformación de los pecados en virtudes en forma de harina, la pureza de la harina blanca…
- Pues aquí- replica la molinera - no había harina blanca. Todo era maíz y escanda. Osea que de eso nada. Además  en los libros de mi padre, que era picador de piedras de moler, decía  siempre que la Iglesia era cruel, así en la antiguedad quemó en la hoguera a un molinero llamado Menocchio por hereje.
- Quería decir- alega el cura- que aquellos castigos, como se dice en el Evangelio, eran para proteger a los inocentes, como … San Lucas, cuando comenta aquello de  arrojar al mar con una piedra de molino al cuello a quien escandalice a los niños…
-¡Lo que nos faltaba! -exclama la molinera- Pues tienen Uds. buenos motivos  para aplicárselo.
Un tenso silencio ocupa el molino. Las miradas se pierden en diferentes direcciones. Tabolo, mira hacia abajo y ve, sumergidas bajo las aguas, varias ruedas de molino. Levanta la cabeza y, tratando de mediar, dice:
- A ver qué opina nuestro visitante que sabe mucho de molinos.
- Creo que todas las religiones –digo-han utilizado los molinos como símbolo  Me interesa mucho lo que comentan pues, de alguna forma, es uno de los motivos de mi viaje. Vengo de Nendrum, en Irlanda del Norte. - Les cuento cómo allí hemos estudiado el molino de mar más antiguo que se conoce. Que lo construyeron los monjes de la abadía, que procedían de centroeuropa y que, buscando aislarse del mundo, fueron a lugares tan remotos e inóspitos. Conocían todas las tecnicas de construir molinos, regadios, viveros, que aplicaron en las nuevas tierras. -Sucede que, aquí, otros monjes, los de la abadía de San Antonio, hace mil años, construyeron también un molino. Posiblemente este mismo molino, estas ruinas donde estamos pisando, sea aquel molino. Sería uno de los más antiguos de la historia. Por eso estoy aquí, para buscar una antiquisima abadía  que en la Cartulario de Puerto aparece nombrado como Garfilios a la que pertenecía el molino.